Algo ocurre entre ambos y activa una respuesta conocida.
A veces, el problema no es solamente lo que ocurre.
Una diferencia puede convertirse en una discusión. La discusión puede convertirse en tensión. La tensión puede llevar al reclamo, la defensa, el silencio o la distancia. Y, sin darse cuenta, ambos pueden terminar respondiendo siempre de la misma manera.
Uno responde de una manera que influye en la respuesta del otro.
El intercambio se intensifica y aparecen formas habituales de afrontarlo.
El conflicto termina, pero el patrón vuelve a aparecer.
